Un día en familia en el Jardín Botánico de la Cortijuela

¿Jardín botánico o bosque encantado?

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“Preparándonos para iniciar la aventura”

El Jardín Botánico de la Cortijuela se encuentra en el término municipal de Monachil, en la falda del Trevenque junto al Arroyo del Huenes. Se accede por una pista que parte desde la Fuente del Hervidero, pasa junto al Cortijo Sevilla y Canal de la Espartera y cruza el Puente de los Siete Ojos. Es un lugar mágico que abre sus puertas al público en Otoño en el que se entremezclan los verdes con amarillos, naranjas, ocres, rojos, y marrones, y Primavera, dónde la floración lo salpica de todos los colores que podamos imaginar.

Esta vez hemos planteado una actividad para familias con niños de cuatro años. En la misma esperamos que conozcan algunas de las especies arbóreas, arbustivas y herbáceas más llamativas del Jardín Botánico en Otoño, que prueben los frutos de los arbustos, que huelan la fragancia de las plantas aromáticas, que observen rastros de los animales que allí habitan y reconozcan ciertas características llamativas de la geología de este lugar.

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“Saludando al Jardín”

Empezamos dentro del Cortijo de la Cortijuela, mientras llegaban todas las familias, contándo a nuestros protagonistas el cuento de “el niño del no y el agua” de Paco  Ríos que trata sobre el ahorro de agua y electricidad.

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“Escalando el roquedo”

Una vez reunido el grupo, juntamos a los peques en un rincón y les contamos que nos íbamos a adentrar en un bosque encantado y que era muy importante que prestasen atención con todos los sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) ya que era la única forma de reconocer el rastro de los misteriosos habitantes que allí se escondían. ¡¡A partir de aquí estuvieron súper atentos!!

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“Cruzando el bosque en galería”

Nos adentramos en el jardín y propusimos una serie de actividades por tramos, como la recolección de hojas secas caídas de los árboles que luego habría que juntar con unas que llevaban en fotografías como en el juego ¿quién es quién? para fomentar la capacidad de observación, la degustación de frutos arbustivos con usos culinarios y terapeúticos…he de decir que los pequeñajos me tuvieron todo el rato cogiendo moras de las zarzas que aquí son más tardías y estaban en su punto…y es que el color de los escaramujos y majoletas les llamaba mucho la atención pero el sabor se les atravesó un poco…¡seguro que en mermelada la cosa cambia!, o el reconocimiento por los olores de algunas especies aromáticas que se usan para hacer fragancias y para condimentar en la cocina (orégano, tomillo, mejorana, romero, salvia, lavanda…).

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“Imitando el andar de un abuelillo”
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“Al abrigo del Pino Centenario”

También vimos mariposas de colores diversos y rastros de animales como el jabalí que destroza las plantas removiendo la tierra y aprendimos a reconocer el paso de ardillas, ratones y pájaros a través del juego ¿quién se ha comido la piña? en el que nuestros pequeños exploradores acertaban siempre, escuchamos el cantar de algunos pájaros con los ojos vendados, e imitamos animales típicos de nuestros ecosistemas como la rana, el jabalí, la serpiente, la lagartija, la mariposa y el águila.

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“Cruzando un puente de madera”

Pero además, con nuestros pequeños intrépidos, intentamos rodear un pino centenario juntando las manos pero nos lo impidieron las zarzas que estaban preparadas para resistir el acecho y tuvimos que conformarnos con hacernos una foto bajo su sombra, escalamos un roquedo para ver de cerca las plantas y animalillos que escondía e incluso aprendimos a orientarnos con la brújula…todo ello abordando un recorrido circular de unos 3 kilómetros que fue la excursión más larga de muchos de los peques y que sin embargo, con tanta aventura, se les pasó en un pis pas..

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“Dando de comer a los toros”

Para rematar la aventura, ya de vuelta del Jardín, tras despedirnos de Angel “el jardinero” que se portó genial con nosotros, hicimos una parada para tomar un refresco con tapita de arroz y papas a lo pobre en el Cortijo del Macareno, junto a la Fuente del Hervidero y aprovechamos para ver de cerca animales de granja como las gallinas, las cabras, los ponis y los toros a los que además ¡¡dimos de comer hierba con nuestras propias manos!!

"Corazón de palos detectado por uno de nuestros pequeños exploradores"
“Corazón de palos detectado por uno de nuestros pequeños exploradores”

Ni que decir tiene que es una gozada visitar un sitio así bajo la mirada de los niños para los que cualquier pequeño acontecimiento se convierte en una intrépida aventura…